No quiero estar enferma en viernes, lo rechazo completamente a pesar de que no tengo fuerzas ni para levantarme desde hace un par de horas. Hay planes sin hacer pero era seguro que haríamos algo las bocas rojas y yo. Ir a una muestra de cortos locales y otra película mexicana: El Santos contra la Tetona Mendoza.
Si no fuera por que las chicas son bien chilas y divertidas, que primero llegamos a la plaza de catedral a bailar unas salsas que me hizo olvidar el tosedero, la garganta adolorida y mi cuerpo para mago entrecortado, me quedo en la cama hasta el fin del mundo o ya siquiera hasta ahora ya sábado, en donde hubiera despertado vomitando flemas y toda sonsa, pero sin la sensación de haber visto una película que no debió extenderse más allá de quince minutos, y le permito quince porque eso duraron los fritos aztecas sobre la mesa.
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